“En la sanidad pública irlandesa cuando das a luz compartes habitación con otras 10 mujeres… Yo esperaba tener intimidad… Incluso me he hecho a la idea de que no podré dormir… Pero lo peor de todo es que los hombres no pueden pasar la noche y me aterra que Patrick no esté a mi lado en ese momento. No sé cómo voy a estar yo, si podré hacerme cargo del bebé… Mi inglés es muy bueno, pero al fin y al cabo, él es irlandés y yo no …”
Si ser madre es una tarea compleja, serlo en el extranjero es mucho más duro. Los miedos y dificultades comienzan en el embarazo y van cambiando según crecen los niños.
En 2020, la prestigiosa revista «The Lancet Psychiatry» realizó una revisión sistemática de estudios cuya conclusión fue que las mujeres migrantes tienen casi el doble de riesgo de sufrir una depresión gestacional y/o una depresión postparto.
En mi experiencia atendiendo a mujeres expatriadas, he podido observar las dificultades a las que se enfrentan quienes deciden ser madres lejos de su tierra y de sus seres queridos. Estas dificultades son muchas y muy diversas: La barrera del idioma, el choque cultural en torno a las expectativas sobre el embarazo, el parto o la crianza y por supuesto el sentimiento de soledad.
Algunas de las adversidades que tienen que afrontar las mujeres gestantes en un país extranjero están relacionadas con la teoría de los siete duelos propuesta por J. Achotegui. De ellos los que van a estar más activos en el embarazo son el duelo por los riesgos físicos, el duelo por la lengua, el duelo por la cultura y el duelo por los familiares y seres queridos.
El duelo por los riesgos físicos: Todas las mujeres conocen el proceso de seguimiento del embarazo y el parto en su tierra natal y suelen confiar en él. Esto se debe a que los seres humanos preferimos aquello que conocemos frente a lo que es diferente.
El duelo por la lengua: En una situación de tanta incertidumbre para la salud, no comprender bien el idioma o no ser capaz de poder expresarse correctamente genera mucho miedo y frustración. Muchas mujeres describen el trato de los profesionales sanitarios como frío y deshumanizado. «Sentí que me trataban como un envase y no como a un ser humano»
El duelo por la cultura: Cada país tiene una cultura diferente en torno a cómo deben ser tanto el embarazo como el parto. El parto es uno de los principales miedos a los que se enfrenta una mujer embarazada y cada sistema sanitario tiene sus políticas al respecto. Mientras que unos países abogan por partos naturales, otros fomentan partos medicalizados.
Las mujeres españolas que residen en el norte de Europa o Alemania suelen sorprenderse de que el seguimiento del embarazo y a menudo el parto, se lleve a cabo por matronas, de tal manera que si en el embarazo todo marcha bien, en ningún momento van a ser atendidas por un ginecólogo.
En mi experiencia, para muchas mujeres, el choque cultural es un verdadero impacto:
Teresa se trasladó desde Ciudad de México a Dinamarca por amor. Tras dos años viviendo con su pareja, se quedó embarazada, aún recuerdo la angustia que le produjo averiguar que tendría que enfrentarse a un parto natural. Ella esperaba dar a luz por cesárea pero lo que no podía imaginar es que esa decisión no la podría tomar ella.
En muchos países latinoamerianos las mujeres que pueden costearse el acceso a la sanidad privada, escogen con frecuencia un parto por cesárea aunque no haya riesgo para la madre o el bebé. Para muchas mujeres mexicanas y de otros países latinos, el parto por cesárea es un referente, es la manera en la que sus familiares y amigas han dado a luz y la idea de un parto natural, les resulta aterradora.
El duelo por la familia y los amigos: Estar lejos de los seres queridos en un momento tan importante y delicado es doloroso.
La montaña rusa de emociones, que conlleva el embarazo, hace que las mujeres sean más vulnerables en ese momento de su vida y necesiten más apoyo emocional. Cuando la familia y los amigos están lejos, la función de apoyo emocional recae en la pareja, quien a menudo se siente sobrepasada o incapaz de ofrecer el apoyo que la mujer necesita.
Muchas mujeres dejan de compartir sus miedos con sus seres queridos, por no preocuparles. Esto sucede especialmente cuando hay una gran diferencia de criterios entre el país de origen y el país de acogida sobre cómo debe desarrollarse el embarazo o el parto. Cuando las mujeres comentan cómo es el seguimiento del embarazo en el país de acogida, se encuentran con mensajes del estilo “entérate bien”, “aquí no es así”… Estos mensajes infunden miedo e inseguridad en la futura madre que acaba por no contar sus preocupaciones.
Puede suceder incluso que algunas mujeres oculten sus decisiones cuando éstas no coinciden con las tradiciones de su país de origen:
Marta quería un parto lo más natural posible, así que decidió dar a luz en una Geburtshauser, una casa de parto atendida por matronas. Sabía que a sus padres, que ejercían la medicina en España, su decisión les parecería una locura, por lo que optó por no decírselo.
En el norte de Europa dar a luz en casa es una opción habitual en los embarazos sanos. En países como Alemania, existen opciones intermedias como las Geburtshauser o los Gerburtszentrum. Las primeras son casas de parto atendidas por matronas que no disponen de quirófano, las segundas también están pensadas para dar a luz de forma natural con la ayuda de matronas pero están ubicadas muy cerca de Hospitales o disponen de una infraestructura médica para atender a la mujer si el parto se complica.
Independientemente de dónde vivan, muchas mujeres experimentan un aumento de la introversión durante el embarazo, esta introversión temporal forma parte de un mecanismo ancestral de proteger a la criatura que está por llegar. A esto hay que sumar las molestias físicas del tercer trimestre del embarazo que hacen que muchas mujeres salgan menos de casa. Todo ello conlleva un gran riesgo de aislamiento social con el consecuente deterioro de la salud mental.
Si pensamos en las dificultades adicionales a las que tiene que enfrentarse una mujer migrante durante el embarazo comprenderemos que sea muy frecuente que muchas de ellas soliciten apoyo psicológico en ese momento.
Cuidar la salud mental durante el embarazo es extremadamente importante, no hay olvidar que cuando la depresión perinatal no se trata adecuadamente las consecuencias pueden ser muy graves para la salud de la madre y del futuro bebé.
Algunos países del norte de Europa han puesto en marcha políticas para tratar de reducir la depresión en el embarazo. Dinamarca y Finlandia han sido países pioneros en desarrollar programas de apoyo socioemocional para mujeres embarazadas. Estos programas son el resultado de la sabiduría que los países nórdicos han adquirido a través de su experiencia en los problemas de salud mental que presentan las mujeres embarazadas en países con una muy baja densidad de población y un clima muy duro durante el invierno.
En Finlandia, destaca el programa “Neighbourhood Mothers”, que pone en contacto a mujeres embarazadas migrantes con mujeres embarazadas finlandesas que tienen al menos un hijo previo y viven cerca.
Si estos países han sido capaces de reducir sus altísimos niveles de depresión perinatal en los últimos años fomentando el apoyo social, que no podríamos conseguir en climas menos adversos asegurándonos de que las mujeres se sienten emocionalmente acompañadas durante su embarazo.
Foto: CC BY 2.0 – Thevelvetbird-Vanessa Porter


