“No soporto pensar que mi hija va a ser danesa, ni siquiera me caen bien los daneses, sé que los valores se transmiten en la familia y vamos a intentar transmitirle valores mediterráneos, pero… ¿y si no lo conseguimos? ¿Y si mi propia hija me cae mal? … Tenemos un chiste sobre los daneses que dice que en Dinamarca si ves a alguien tirado en la calle, no le preguntas, no le ayudas, porque él puede echarte en cara que no respetaste su decisión personal de tropezar y caerse”
Ser padres en el extranjero es una de las experiencias más complejas a las que se enfrentan las personas migrantes, también llamadas expatriadas o ‘Expats’.
Tener hijos reorganiza muchos aspectos del psiquismo: nuestra identidad, nuestras expectativas, nuestras prioridades, nuestros valores…Así como la manera en la que nos relacionamos con nosotros mismos y con nuestra pareja.
La llegada de un bebé sacude nuestras vidas como ninguna otra experiencia y cuando esto sucede lejos de nuestro país de origen, lejos de nuestros familiares y nuestra cultura de origen, el resultado es un verdadero tsunami.
Entre las dificultades a las que se enfrentan las madres que crían a sus hijas e hijos lejos de su tierra destacaría las siguientes:
- Dificultades relacionadas con la soledad
- Dificultades relacionadas con los mandatos interculturales
- Dificultades relacionadas con la lengua y la identidad
- Dificultades relacionadas con la ruptura de la pareja
- Soledad y mandatos interculturales:
La primera dificultad a las que se enfrentas las madres migrantes es a la soledad. Cómo he explicado en artículos anteriores una de las principales dificultades que experimentan las madres actualmente es la soledad que conlleva la crianza actual. Esta soledad se incrementa cuando se tienen hijos en el extranjero.
Muchas madres extrañan la presencia de sus propias madres en los primeras semanas y meses de la vida de sus hijos. Se encuentran en un momento vulnerable de sus vidas, con muchísimo estrés y afrontando obstáculos que no pueden o no quieren compartir con quienes están lejos.
En muchas ocasiones, las abuelas de los recién nacidos viajan muchísimos kilómetros para estar con sus hijas en los primeras semanas de la vida de sus nietos. Aquí se producen los primeros conflictos interculturales. Las nuevas madres se sienten confusas en relación a los mandatos que cada cultura posee en torno a los cuidados.
A modo de ejemplo, en los países escandinavos es costumbre que el recién nacido duerma la siesta a la interperie, bien abrigado. Así el niño no sólo respira aire fresco sino que se va acostumbrando a que hay que salir de casa aunque haga frío. Para la madre de Marta es inconcebible que su nieto duerma la siesta a cero grados.
Marta y su madre comienzan a discutir en un contexto de convivencia 24/7 que agota a Marta y genera estrés entre ella y su pareja Noruega. Marta necesita a su madre y quiere su aprobación pero también quiere que su pareja, sus suegros, sus vecinos, crean que es una buena madre. A partir de ahora tendrá que tomar muchas decisiones sobre criar a su hijo al estilo Noruego o al estilo mediterráneo. Lo cierto es que va a combinar los dos estilos porque son muchas las decisiones que como madre tendrá que tomar y va a hacerlo bien, pero esto ahora no lo sabe y está muerta de miedo.
La pareja de Marta no entiende porqué su suegra va a quedarse tres semanas viviendo con ellos. Su relación con sus padres es muy diferente y cuando les visitan nunca se quedan a dormir, son muy discretos y no opinan sobre la crianza del niño, a Marta le parecen tan fríos como el clima.
Tener hijos lejos de tu tierra implica criar a una persona en una cultura ajena y esto conlleva grandes ambivalencias afectivas. Para que la identidad y la autoestima del niño/a sea buena, es imprescindible que los padres demuestren amor y el respeto por ambas culturas y esto no siempre va a ser tarea fácil. Lo más probable es que los hijos se identifiquen más con la cultura del país en el que crecen. A menudo para los padres esto supone un duelo difícil de elaborar.
- Lengua e identidad:
A menudo muchos migrantes se sienten decepcionados porque sus hijos no manejan la lengua materna de uno o ambos de los padres como manejan el idioma del país en el que han crecido.
“Cuando escucho a mi hijo hablar español con acento guiri me enfado y me pongo triste” me cuenta Beatriz entre lágrimas.
Las dificultades relacionadas con la lengua son muy complejas en la crianza. Cuando el niño percibe que sus padres o uno de ellos no maneja bien el idioma del país en el que está creciendo es posible que experimente cierto grado de vergüenza en las etapas finales de la infancia y/o adolescencia. Este ‘avergonzarse’ de los padres se expresa a menudo en forma de rabia.
“Mi hija me corrige cuando estoy hablando sueco, muchas veces ni siquiera me deja hablar, le irrita que comenta errores delante de las madres de sus compañeros de clase. Cuando era pequeña siempre traía amigos a casa, yo preparaba tortilla de patatas, a sus amigas les encantaba, lo que antes le resultaba exótico ahora le da vergüenza” dice Rocío.
El caso de Ana es peor, ni ella ni su pareja han conseguido hablar bien danés, desarrollan su trabajo en inglés y aunque saben expresiones básicas, le cuesta entender un discurso completo. En general se las apañan porque los daneses hablan bien inglés pero cuando van a las tutorías del colegio su hijo les hace de intérprete, lo mismo sucede en el pediatra. Leo es un niño muy maduro, es muy responsable y nunca había dado un disgusto en casa, hasta que a los 12 años empezó a tener problemas de ansiedad.
“Fue difícil encontrar un psicólogo que hablase español, nos explicó que Leo es lo que llaman un ‘niño parentalizado’, ha ido asumiendo responsabilidades que no le correspondían, cosas que debíamos haber hecho nosotros, me siento muy culpable, siento que he fracasado como madre cuando una de las razones de mudarnos era darles a mis hijos un futuro mejor.”
- Dificultades relacionadas con la ruptura de la pareja
Como psicóloga y madre, el mayor sufrimiento que veo en las madres y padres expatriados, tiene lugar cuando se produce una separación. Un divorcio es siempre una situación extremadamente dolorosa y de nuevo vivirla lejos del país de origen amplifica el dolor.
Muchas madres y padres desearían volver a su tierra cuando se separan de su pareja pero eso implicaría abandonar a sus hijos. Al dolor del duelo por pareja y la familia, se suma el de sentirse ‘atrapados en el extranjero’
Son muchas las madres y padres que fantasean con regresar a su país de origen con sus hijos, sin embargo esta es una posibilidad muy remota ya que si el otro progenitor está en desacuerdo, la legislación siempre contempla el bienestar del menor y por tanto el arraigo al país en el que está creciendo.
La importancia de valorar la interculturalidad
Aunque la crianza en un país extranjero resulte más estresante que en el país de origen es importante tener en cuenta que superar adecuadamente las adversidades repercutirá muy positivamente en el bienestar de aquellas niñas y niños que tienen la oportunidad de criarse entre dos culturas.


