Yo era una de esas personas a las que no les gustaba el fútbol. Tenía muchos prejuicios negativos. Sin embargo, en los últimos años mi actitud hacia este deporte ha cambiado.
Cada día tengo cinco o seis conversaciones con personas que se encuentran en ciudades muy diferentes del planeta y veo cómo se resienten su identidad y su autoestima por el hecho de ser extranjeras, de tener otro acento, de sentirse distintas y, en ocasiones, infravaloradas.
En términos técnicos, la autoestima es la valoración que hacemos de nuestra identidad y de nuestro autoconcepto. Es decir, es la valoración que hacemos de quiénes y cómo somos.
La respuesta a ese «quiénes somos» está ligada a los grupos a los que pertenecemos (hombre o mujer, profesión, raza…) y, cómo no, a nuestro origen.
¿Cómo viven los «españoles por el mundo» el hecho de ser españoles en otros lugares? Pues depende. Cada vivencia es única, pero esa experiencia va a depender mucho de la percepción que tenga el país de acogida de España y de los españoles.
En Estados Unidos es muy frecuente que muchas personas sean incapaces de ubicar España en el mapa; en el norte de Europa, a menudo nos miran por encima del hombro. Creo que no miento si digo que no recuerdo ningún paciente residente en el centro o el norte de Europa al que no le hayan hecho un chiste sobre la siesta.
Generalmente, en Latinoamérica nos acogen mejor, y es que compartir idioma y referentes culturales facilita la tarea.
Ahora que España ha pasado a cuartos de final, cuando les pregunten a nuestros expats de dónde son, les será más fácil contestar con orgullo: «Soy español; ya sabes, ese equipo que ganó al Portugal de Cristiano Ronaldo y que se enfrentará el viernes a Bélgica».
Otra de las razones por las que el fútbol ha despertado mi interés es haber visto cómo muchos de mis pacientes, españoles y latinoamericanos, han mejorado notablemente su integración a través de este juego. El fútbol es un lenguaje universal que te permite jugar con personas que no hablan tu idioma. Lo muestra Gerard Oms a través del personaje de Mario Casas en «Muy lejos».
Muchas de las personas que viven en el extranjero entienden la magia que puede llegar a tener el fútbol cuando alguien a quien apenas conoces te invita a ver un partido en su casa y, cuando acaba la noche, has formado una pequeña pandilla o has conocido a quien será tu pareja.
Durante las semanas que dura el Mundial da igual que vivas lejos de España, porque todos los españoles forman parte de ese relato compartido que supone pertenecer a algo más grande que uno mismo.
En la migración, el fútbol es un gran aliado de la socialización: provee identidad, autoestima y ese sentimiento de orgullo tan necesario cuando se vive en otro país.
Muchos estarán pensando que no deberíamos necesitar un Mundial para sentirnos orgullosos de ser españoles, pero lo cierto es que no tenemos la mejor autoestima a nivel grupal. De hecho, pese a que hace 87 años que terminó la Guerra Civil, España sigue siendo un país dividido, en el que una gran parte de la población no se identifica con su bandera ni con su himno, y eso dificulta sentirse orgulloso, pese a que hay motivos para estarlo.
Si dejamos a un lado la clase política y pensamos en la España de Cervantes, de Machado, de Lorca; la España de Miguel Servet, de Gregorio Marañón, de Ramón y Cajal, de Manuela Malasaña, de Clara Campoamor, de Gloria Fuertes, de Picasso, de Dalí, de Raphael, de Rocío Jurado, de Serrat, de Mecano, de Alejandro Sanz o de Rosalía.
La España de Margarita Salas, de Pedro Duque, de Javier Bardem, de Isabel Coixet, de Almodóvar, de Rafa Nadal, de Pau Gasol, de Miguel Induráin, de Iniesta, de Lamine Yamal, de Alexia Putellas o de Aitana Bonmatí…
Podemos sentirnos orgullosos de una España que cambia de color y de arquitectura cada pocos kilómetros; que es plurilingüe; rica en la variedad gastronómica de sus muy distintas regiones. Esa España que gritó «Hermana, yo sí te creo» y que aún conserva uno de los sistemas sanitarios más justos del mundo.
Hay muchas razones para sentirnos orgullosos de ser españoles y, si además gana «La Roja», salgamos a celebrar la fiesta del fútbol.


